Siglo XXI%

Anteayer comenzó septiembre. Antes de que eso ocurriera, yo tenía decidido comenzar este blog. Aunque, como Alex Miller, no sabía que escribir. De hecho, he de reconocer que aún no lo tengo claro.

Decía hace pocos días Monzó, del que tengo ‘ochenta y seis cuentos‘ en la mesilla de noche ajado de tanto leerlo, que…

Sobre eso de hablar de uno mismo: hay un modelo de columnista que solo habla de lo que hace él. Si este columnista tiene una trayectoria dilatada y consolidada y una imagen pública consolidada, el público lo acepta. Porque te lo imaginas en acción, haciendo tal cosa o tal otra. Sin embargo, si no tiene una imagen consolidada, a veces da vergüenza ajena. Porque te das cuenta de que va de gran señor y en realidad no es sino un petimetre. Escriben, por ejemplo: “Esta mañana he roto con la mujer que amaba…” Y piensas: ¿a mí qué coño me importa? El lector común ya ha pasado página. Tú no, porque tienes el morbo de seguir para ver cuántas confesiones ridículas más hace. También hay quien, en vez de escribir columnas, escribe sermones. Y está la columna-mitin, a base de consignas. No diremos nombres pero es fácil poner caras a cada uno de esos modelos. Una columna necesita solo una pequeña idea, explicada claramente. Con una columna no salvarás el mundo, y hay gente que cree que con una columna hará la Revolución Francesa. La Revolución Francesa ya hace muchos años que la hicieron.

Esto me recordó a un poema (‘poética bajo mínimos‘) que Juaristi le dedicó a Atxaga en aquellos 80 en que todo debió parecer posible.

Todo poema nace de un arrebato, dices.
Pero un poema que sólo de un arrebato nazca
será siempre un mal poema. Como éste.

Un buen poema debe contener
al menos una idea indemne.
No sombras, ni proyectos ni carcasas de ideas.
Alumbrar una idea no es tarea
encomendable al mero sentimiento.

El resto es poca cosa: la exultación
o la melancolía;
la pericia, el azar,
e incluso las discretas añagazas
que nos atraen la benevolencia del Censor.

Ese será el objetivo de este iletrado redactor, alumbrar una idea. En algún momento. Como diría una conocida viuda del pueblo de mi madre: “no tengo bulla ni nadie que me la meta”. La bulla, claro.

Chiste-Titular: @mtascon

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